Una vez escuche que una parte de tu corazón se muere cuando guardas silencio ante algo que importa.
Y así es.
-Cerrar los ojos, SIMPLEMENTE. -nos pide ella. Como un cuenco tibetano, ella, hace resonar nuestras almas en cada clase. Haciéndonos volver al presente. Al aquí y ahora.
Al único lugar que importa.
-Pero que cosa menos simple que cerrarlos y enfrentarte a todo lo que ahí ocurre verdad? -añade ella desde el centro de esa sala oscura, mágica. Todos la rodeamos, rendidos, entregados.
Y ahí estoy yo frente a mi.
Sola, conmigo misma.
Pero cierro los ojos y de repente me agarras de la mano. Caminamos, acompasadas, como hacíamos antes. Y nos reímos. Siento tu calor.
Y te extraño.
Por mucho tiempo mi ego, el tuyo, tratando de alargar ese malestar que generó la mala gestión de todas esas emociones. Tratando de separarnos. Y así fue.
Pero ya estoy harta y por eso hoy quiero decirte que si algún día me quisiste, bien, mal, ya no importa... Yo sigo queriéndote. Y que hoy al verte ahí, detrás de mis ojos llore y te perdone. Y espero que tu también algún día puedas perdonar que no supiera hacerlo mejor. Y que si quieres vuelvas T, que si quieres sigo amándote y no pasa nada.