domingo, 28 de abril de 2013

Madre tierra

Alli me senté, bajo aquel árbol.
Mis ojos ya no querían ver.
Me deje llevar por ese viaje en el que mis sentidos eran mi única guía.
Las raíces que salían de mi cuerpo se conectaron con la tierra,
y el aire puro que recorría mis pulmones se fundió con la savia de aquel árbol.

Aquella tierra era mi sustento, mi madre, mi compañera, mi hermana.
Ella me había visto crecer, me había alimentado, y ahora, me envolvía en su eternidad,
en la esencia pura de la vida.

Madre tierra, misericordiosa,
quien derramo sobre mi su consuelo, su gracia.
Quien con la melodia de sus palabras acuno mi tristeza y me lleno de paz y amor aquel día.